El cambio climatico
Credito al Diputado Victor O. Bisono Haza en el Listin Diario:
Hablar de medio ambiente está de moda. No hay político o empresario que se precie de tal que no tenga algo que decir sobre el cambio climático, la necesidad de preservar el planeta, y pedir más intervención del Estado en la materia. Películas como una “Verdad Inconveniente”, y la entrega del premio Nobel a su productor, el Vicepresidente Al Gore, no hacen más que reforzar esta tendencia.
Si bien no son científicamente certeras las razones del calentamiento de la tierra, y mucho menos que realmente se pueda sustituir el petróleo como principal componente energético, esta alineación de gobiernos, corporaciones y grupos de interés, que por diferentes razones parecieran perseguir un mismo objetivo de promover las energías renovables, están produciendo los más diversos efectos.
En Estados Unidos y la mayoría de los países desarrollados se están impulsando todo tipo de programas federales y estatales para promover el uso de energías alternativas, incluyendo desde subsidios, grants, préstamos, y promoción de la investigación y desarrollo, que buscan provocar una disminución en el consumo de combustible y por lo tanto una mayor protección del medio ambiente.
En esta línea, el gobierno de Estados Unidos encontró en las energías alternativas una manera de seguir promoviendo el libre comercio, principalmente en América Latina, donde dos realidades lo hacen especialmente interesante. Por un lado, los países de la región presentan excelente condiciones para producir y exportar energías alternativas, especialmente etanol (Brazil es el mayor productor de etanol basado en azúcar, en el mundo), y por otro la agenda de una zona de libre comercio en las Américas pareciera estancada.
En este contexto, la energía alternativa y principalmente el etanol, presenta una oportunidad única para América Latina, y en particular para República Dominicana, para replantear su relación con Estados Unidos y Europa, promover sus exportaciones, y encontrar un rol geopolítico en el mundo, basado en la producción de bienes con demanda creciente, que contribuyen a su vez a un planeta más limpio y protegido.
Todos los países desarrollados están buscando cambiar sus matrices energéticas para depender menos del petróleo, proveniente de países conflictivos y a un creciente costo, y basarse en energías que no contaminen el medio ambiente, las famosas bio energías, o energías alternativas, que no provienen de acumulación fósil, sino de la biomasa, y otras fuentes, como la caña de azúcar o el maíz para el etanol.
Es aquí donde la RD puede jugar un papel trascendental. En primer lugar generando bio energías que nos permitan solucionar nuestro propio problema de abastecimiento, y de una manera menos costosa y que protege el medio ambiente. Pero también promoviendo el desarrollo de una industria local de exportación, que genere empleo y crecimiento económico.
De acuerdo a la Asociación Nacional de Capital de Riesgo, en Estados Unidos se invirtieron en nuevos emprendimientos y empresas de bio energía más de 1,400 millones de dólares en lo que va de este año. Esta enorme disponibilidad de capital ofrece una sólida oportunidad para los incipientes proyectos empresariales en nuestro país.
Pero para que esta realidad global podamos aprovecharla en nuestro país, es fundamental que todos los sectores de la sociedad se involucren en un debate constructivo sobre la necesidad de preservar el medio ambiente, y las mejores formas de hacerlo. Que seamos creativos en maneras en que el mercado se puede involucrar, sin dejar todo a manos del Estado, y nos enfoquemos en no dejar pasar esta oportunidad de generar desarrollo y empleo para la República Dominicana.
Conciente que debemos nosotros también impulsar políticas y medidas que busquen proteger el medio ambiente, y la riquísima variedad de recursos naturales, desde el Congreso, estamos presentando la ley que instituye el Fondo Ecológico Compartido de Sostenibilidad Ambiental.
Y con un marco legal e institucional claro, se ofrece una sólida oportunidad de desarrollo económico y social, y de posicionar a nuestro país como actor relevante en la geopolítica regional.













































